¿Quién no ha querido escribir un libro? Al menos yo todavía tengo el deseo de publicar una historia y lo seguiré teniendo hasta el último de mis días lo cumpla o no. Hay pocas cosas en esta vida que disfrute más que leer un buen libro, porque ese sentimiento de olvidar tu mundo y adentrarte a uno nuevo no tiene precio. Tener la capacidad de poder crearle eso a alguien más, debe ser entonces, la cosa más satisfactoria de este mundo. Pues verán, en esta ocasión les quier presentar una publicación local que hice con unos compañeros de clase.
Como parte de un proyecto de PAP ARTS, diseñadores y comunicólogos nos juntamos para realizar este libro en el que figuran 17 microcuentos ilustrados. Les presento mis tres aportaciones narrativas, mis dos ilustraciones y la portada del libro.
Sueños
Y le entregaron en una caja el niño que siempre había querido.
Final feliz
La langosta se quejaba de lo frío del mar. Todos los días temblaba sin parar. Un día, la sacaron de su hogar; la metieron a la olla y le echaron sal. La langosta, incapaz de augurar su final, hizo de los vegetales su ajuar y de júbilo se puso a chillar: "¡Por fin encuentro un sitio cálido en el mar!".
Mi hermano
Mi hermano y yo somos gemelos, hacemos todo juntos y jugamos todo el tiempo. A veces yo soy el pirata y él el marinero; a veces soy el peatón y él el narcotraficante. A veces sólo somos niños jugando en el pasto. Un dá, mi madre al vernos, empezó a llorar, se acercó a nosotros y dijo dulcemente: "hijo, ¿sí sabes que tu hermano murió hace años?". Asustado le grité "mentirosa, mi hermano está justo aquí". Fue entonces cuando noté que sus ojos no se fijaban en mí y de quien ella hablaba no era de él.